El subcampeonato de Argentina en el Mundial 2026 cerró una etapa y abrió otra. La derrota 0-1 ante España, en el alargue, quedó en segundo plano frente a dos decisiones que impactarán sobre el futuro de la Selección: Lionel Messi anunció su retiro y Lionel Scaloni todavía no confirmó su continuidad.
Para Claudio Tapia, presidente de la AFA, el escenario supone algo más que un recambio deportivo. Durante casi una década, los resultados del seleccionado funcionaron como respaldo para una estructura dirigencial que consolidó alianzas dentro del fútbol argentino y una red internacional.
Messi fue parte central de ese esquema. Su figura no solo aportó títulos —Mundial 2022 y Copas América 2021 y 2024—, sino también valor comercial. Sponsors, derechos televisivos, amistosos, indumentaria, merchandising y premios conforman un negocio que depende, en parte, de la capacidad de la Selección para sostener su atractivo global. Sin su principal figura, la AFA deberá construir una nueva narrativa alrededor de jugadores como Julián Álvarez, Lautaro Martínez, Rodrigo De Paul, Enzo Fernández y Alexis Mac Allister.
El otro interrogante es Scaloni. Tapia quiere retener al entrenador, cuyo contrato vence en diciembre de 2026. Su permanencia permitiría iniciar la transición con continuidad; una salida obligaría a reemplazar a dos protagonistas centrales del ciclo más exitoso del seleccionado.
A ese frente se suman las investigaciones judiciales que involucran a dirigentes de la AFA, los cuestionamientos institucionales y la disputa con el Gobierno de Javier Milei por las Sociedades Anónimas Deportivas.
El Mundial 2030 aparece como otro escenario de negociación internacional. Para Tapia, será una oportunidad para preservar influencia.
Sin Messi, la ecuación cambió. La próxima prueba será demostrar que el poder construido alrededor de los resultados puede sostenerse cuando el principal símbolo ya no está en la cancha.











