Jóvenes fuera del estudio y el trabajo: el desafío que condiciona el crecimiento argentino

Argentina busca recuperar crecimiento, productividad y empleo, pero enfrenta un problema que puede comprometer esas metas: una parte relevante de los jóvenes permanece fuera del sistema educativo y del mercado laboral.

En 2023, el 15,5% de los argentinos de entre 15 y 29 años no estudiaba ni tenía un empleo remunerado. La proporción alcanzaba al 12% entre los varones y al 19% entre las mujeres, diferencia asociada, en buena medida, a las tareas de cuidado.

El fenómeno no puede atribuirse a decisiones individuales. El abandono escolar, la falta de experiencia, la informalidad, las responsabilidades familiares y las desigualdades territoriales intervienen en esas trayectorias.

El problema tampoco termina con conseguir un puesto. Muchos jóvenes ingresan mediante changas, empleos temporarios o actividades informales, sin capacitación, estabilidad ni derechos laborales. Así, la inserción puede reducir las estadísticas de inactividad, pero no necesariamente mejora la productividad ni genera una carrera ocupacional.

Una de las claves está en conectar educación y empleo. Experiencias como las de Alemania, Suiza y los Países Bajos muestran que la formación profesional, las prácticas empresariales y la orientación laboral pueden facilitar ese tránsito.

Argentina podría avanzar hacia un esquema propio que combine terminalidad secundaria, capacitación, formación digital, orientación vocacional, prácticas y estímulos al primer empleo formal, con participación de empresas, sindicatos, provincias y municipios.

Las políticas de cuidado también resultan centrales para evitar que las responsabilidades familiares interrumpan la formación o el acceso laboral.

El desafío excede a una generación. De su resolución dependen el capital humano, la productividad y la movilidad social de las próximas décadas. La discusión, entonces, no es cómo atender a quienes quedaron afuera, sino cómo construir una economía capaz de incorporarlos.