La cadena Burger King anunció su salida de la Argentina tras más de tres décadas de presencia en el país. La decisión deja en incertidumbre a los más de 4.500 trabajadores que dependen de sus 110 sucursales.
El grupo mexicano Alsea, operador de la marca, confirmó que pondrá en venta la operación y encomendó al banco BBVA la búsqueda de compradores. Aunque mantendrá en el país la franquicia de Starbucks, la retirada de Burger King abre un escenario complejo en el sector gastronómico.
Entre las razones que aceleraron la salida aparecen la caída del consumo masivo, producto de la pérdida del poder adquisitivo, la suba de tarifas y la recesión. A este panorama se suma la competencia de Mostaza, que desplazó a Burger King como segunda cadena detrás de McDonald’s, y la expansión de las hamburgueserías gourmet, que lograron captar al público más joven en los centros urbanos.
El impacto laboral es uno de los puntos más sensibles: si no aparece un comprador que garantice la continuidad, se abriría la posibilidad de despidos masivos. El antecedente de Carrefour, que meses atrás también anunció su retiro, refuerza la preocupación sindical respecto a la estabilidad de miles de familias que dependen de estos empleos.
Burger King llegó a la Argentina a fines de los años 80 y su rivalidad con McDonald’s se convirtió en un clásico. Hoy, la falta de rentabilidad en un mercado cada vez más deteriorado terminó inclinando la balanza hacia la retirada.
Más allá de lo que ocurra con la venta, lo que está en juego no es solo la continuidad de una marca emblemática, sino también el futuro inmediato de 4.500 familias trabajadoras en un contexto de creciente incertidumbre económica.











