Tres meses después de la represión policial que terminó con detenciones de integrantes de la CTA Autónoma y la FeNaT en la Secretaría de Políticas Sociales de Córdoba, organizaciones gremiales y territoriales advierten que la situación no solo no mejoró, sino que se profundizó. Hablan de un “escenario de persecución y abandono” por parte del Gobierno provincial y de la Municipalidad, mientras los comedores y merenderos siguen operando al límite de sus posibilidades.
En los barrios, trabajadoras comunitarias, delegados y vecinos coinciden en que la falta de asistencia alimentaria se convirtió en el problema más urgente. Señalan que desde hace meses no ingresan insumos básicos y que la demanda de los comedores llegó a duplicarse durante el último año. “Las compañeras de los merenderos no pueden acceder a los alimentos que se necesitan para combatir el hambre en nuestros barrios”, alertaron desde la CTA Autónoma y la Federación Nacional Territorial (FeNaT-CTAA).
Ese reclamo, de alimentos para sostener espacios comunitarios, fue el mismo que motivó la movilización reprimida en agosto. Tras aquel operativo policial, varias referentes quedaron con restricciones para circular en los mismos lugares donde trabajan desde hace años. “Hay compañeras que todavía no pueden volver a sus espacios”, advierten desde las organizaciones, que consideran la situación una forma de hostigamiento.
En los territorios sostienen también que parte de los recursos destinados a la asistencia social habrían quedado retenidos por funcionarios municipales, lo que agrava aún más la falta de insumos en zonas donde el comedor o la merienda constituyen, para muchas familias, la única comida segura del día.
Las organizaciones insisten en que el pedido no puede ser más elemental: garantizar alimentos y permitir que quienes sostienen los espacios comunitarios trabajen sin ser perseguidos. “Queremos que dejen de hostigar y que vuelvan a entregar los alimentos. Nada más”, sintetizó una coordinadora barrial.
Mientras tanto, la red comunitaria continúa funcionando con esfuerzo propio, a fuerza de solidaridad y trabajo cotidiano. Pero en los barrios reconocen que el desgaste ya es evidente: “La organización no afloja, pero cada día es más difícil”.











